domingo, enero 10, 2010

Vas en el auto intentando leer una revista, pero no podés avanzar más que cuatro o cinco renglones. Tu mente no esta ahí, intentás que la música de Sin Bandera que pasan en la radio no te evoque recuerdos, pero claro, cualquier cosa, la mas mínima, te hace pensar en algo y vos lo que menos querés es seguir pensando (porque lo venís haciendo hace semanas y sentís que la cabeza puede estallarte de un momento a otro). Te parece escuchar muy lejos la voz de tu madre que te dice y son todos lotes listos para construir que dan al mar; y no, tu madre no esta hablándote desde lejos, la tenes ahí, en el asiento de al lado manejando, la que está lejos sos vos, en realidad tu mente... y ya estan funcionando las dos canchas de golf y las de tenis; continúa diciéndote la voz sin percatarse que no le estás prestando atención desde que subiste al auto. Y es que en realidad entre que ella es despistada, y vos te la pasas mas de la mitad del día como ausente, ida.. no podés pretender que realmente se de cuenta cuando hay algo que te está dando vueltas en la cabeza. Aparte está buenisimo porque en 3 horas ya estás allá y podés ir en cualquier época del año; la mirás con cara de quebuenoloquemecontas cuando en realidad no estás entendiendo mucho. Pensás en que tenés mucho calor y en cuánto falta para llegar. Y también en que no ves la hora de irte de esta ciudad infernal. Tu mente vuelve a divagar, tus pies están pisando algo blandito, estás descalza, sentís que tu piel huele a salitre y sentís paz; nadie te apura, el sol se está yendo pero avosqueteimporta, avanzás con la vista perdida en el mar, viendo como una ola se forma tras la otra y cómo terminan llegando hasta donde estás vos; tu mente se mantiene ocupada observando ese fenómeno y no te permite pensar en nada más. Algo te hace volver a la realidad, al auto caluroso, pensamos hablar con el maestro mayor de obras que ya hizo algunas casas en ese barrio privado y que puede llegar a tenerla lista para el próximo verano; y vos no podés entender como la voz de esa mujer puede seguir hablando sobre el mismo tema que no te importa hace más de veinte minutos, y tampoco podés entender cómo podés ser tan distinta a la dueña del útero en el que te formaste, que en definitiva no te entiende mucho, nunca te va a entender del todo y la verdad, nadie te entiende, ni siquiera vos.

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