Las mujeres necesitamos saber a cualquier precio. Si hay un cajón, tenemos que abrirlo. Si existe un secreto, debemos averiguarlo. Aunque la verdad traiga también un espeso dolor, no podemos evitar querer saberlo todo.
Hurgamos con tanta insistencia y esmero, que al final, escuchamos lo que no necesitábamos saber: que los primeros meses no se tomaba la relación como algo serio, que estuvo muy enamorado de su ex, que se divierte mas con sus amigos que con vos
Si bien la verdad apacigua el alma, no entiendo que clase de serenidad puede traer saber cuántas mujeres hubo antes, cómo se llevaban en la cama, qué cosas hacían y por supuesto, si eran mejores que vos.
Como los niños que meten el dedo en el enchufe, como los gatos curiosos que se caen al agua, como aquel pintor que murió envenenado por sus propias tintas, necesitamos llegar al final. Aunque luego la verdad nos atormente como un espíritu maldito, como una planta carnívora, como una enfermedad; no podemos remediarlo.
Y es que es la realidad, nuestro 'instinto' nos lleva a querer saberlo todo.
Yo por mi parte me siento mas segura así, sabiendo a qué me enfrento (por decirlo de alguna manera), prefiero mil veces la verdad y que me vayan de frente, a que me oculten las cosas; por mas que me duela al principio, o me moleste, o no sepa como reaccionar; siempre siempre voy a preferir la verdad
También admito que no soy de las que quieren saberlo todo, es mas, a veces ni me interesa saber. Sé ubicarme y por mas que a veces me carcoman las ganas de saberlo o preguntarle algo, no lo hago, porque entiendo que si no me lo dijo, por algo es, por algo querrá mantenerlo como una cosa privada; o, después de todo, realmente no fue taan importante como para recordarlo o contarlo. Así que relájense un poco mujeres!
jueves, octubre 09, 2008
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